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Artículos
La Farsa Llamada Escepticismo
José Porfirio Miranda
Revista La Jornada Semanal, No. 201; Abril 18, 1993; pp. 34-42.
El autor de este ensayo nos previene contra los peligros de esta posición filosófica.
El escepticismo se ha puesto de moda, pero eso no demuestra que el escepticismo sea lógicamente sostenible. Que alguna actitud esté de moda es un hecho que a las personas razonables no debe impresionarles. Comte fue quien introdujo ese tipo de raciocinio sofístico cuando, para recomendar el positivismo, dijo que la humanidad recorre primero una etapa teológica, después una metafísica, y finalmente una positiva. Aunque tal sucesión fuese real (y no lo es), así se demostraría que la mentalidad positiva es posterior a la metafísica, no que es mejor "Cronológicamente posterior", no es sinónimo de "más apegado a la verdad". El geocentrismo de Tolomeo fue cinco siglos posterior al heliocentrismo de Aristarco de Samos, pero el equivocado fue Tolomeo. Ni la verdura enlatada es mejor que la verdura fresca, ni la camiseta de nylon es mejor que la de algodón. Hacen demagogia quienes creen presentar un argumento cuando dicen: esa idea es del siglo pasado. Y bien, ya me dijiste la fecha; ahora veamos si la idea es verdadera o falsa.
Es increíble que un filósofo argumente como lo hace Habermas cuando dice: "esos conceptos fuertes de teoría, verdad y sistema que, desde hace por lo menos 150 años, pertenecen al pasado" (1). Eso no es dar razones sino hacer demagogia; en el presente artículo no haremos caso alguno de ese tipo de razonamientos que revelan impotencia. Por cierto, igualmente demagógico es Adorno cuando dice: "El ideal de la filosofía husserliana, que es la seguridad absoluta según el modelo de la propiedad privada, está impregnado de miedo" (2). No vale la pena responder a tales cuchufletas, dizque psicoanalíticas, revestidas de izquierdismo. En filosofía se necesitan demostraciones, no pullas.
Aquí vamos, primero, a demostrar que el escepticismo es contradictorio. Después haremos ver que los escépticos mismos ya se dieron cuenta de ello y están inventando mil piruetas para tratar de que la contradicción no se note. Finalmente indicaremos las raíces del escepticismo, que son lo más importante. Ahí se verá la farsa.
El escepticismo es autocontradictorio
1) En estos momentos la más socorrida formulación del escepticismo es ésta: "La filosofía no dispone de ningún especial acceso a la realidad". Quieren decir que sólo las ciencias empíricas conocen la realidad y que a la filosofía le toca únicamente registrar, aceptar y ordenar los resultados de esas disciplinas, lo cual equivale a decir que la filosofía debe desaparecer. Como dice Wittgenstein, "los problemas filosóficos deben enteramente desaparecer" (3). Y Habermas explícitamente se adhiere a "la correcta intuición de que la filosofía ha perdido su autonomía frente a las ciencias con las que debe cooperar" (4). Rorty lo plantea así refiriéndose a su propio libro: "El objetivo de la obra es acabar con la confianza que el lector pueda tener en la mete [...] en el conocimiento [...] y en la filosofía como se viene entendiendo desde Kant" (5).
Y bien, tomemos la tesis en su formulación escuela ya mencionada: "La filosofía no dispone de ningún especial acceso a la realidad". Evidentemente esa tesis es filosófica, no científica; y por lo visto dispone de especial acceso a la realidad. Por consiguiente, la tesis es autocontradictoria.
En efecto, sólo quien está conociendo la realidad puede decir que fulano no la conoce. Si el habitante no tuviera acceso a la realidad, ¿en qué se estaría basando para sostener que las afirmaciones de fulano no se adecuan a la realidad? Pero la tesis mencionada no es científica sino filosófica, pues ningún dispositivo de la física o de la química permite instaurar experimentos cuya consecuencia lógica sea la tesis mencionada. Si algún físico la pronuncia, la pronuncia como filosófico, no como físico. Por tanto, la tesis misma supone que la filosofía tiene acceso a la realidad: cosa que el enunciado mismo niega; por tanto, se contradice.
2) Una segunda formulación del escepticismo es ésta: "Solamente la matemática, la lógica y las disciplinas empíricas son científicas". Mediante la omisión y la enumeración exhaustivas lo único que esta formulación quiere decir es que la filosofía no es científica y que por tanto sus presuntos conocimientos deben descartarse. No voy a documentar con los protagonistas del escepticismo esta segunda formulación ni las siguientes, porque el presente escrito se alargaría demasiado. Pero tomemos la tesis tal como la acabamos de entrecomillar. Evidentemente es una especulación sobre lo que es ciencia y lo que no; de ninguna manera es una tesis matemática ni lógica ni empírica; por consiguiente, en virtud de lo que ella misma asevera, la tesis es anticientífica. Por tanto, su contenido debe descartarse. Resulta que el escepticismo no puede formularse sin descartarse automáticamente a si mismo.
3) Quizá la formulación más popular del escepticismo es ésta: "Sólo lo empíricamente demostrable es científico". Obviamente lo único que esta tesis quiere es rechazar los juicios morales y la demostración de la existencia del espíritu; pero sin darse cuenta está rechazando también la matemática, y con ella la física que es una disciplina hoy completamente matematizada. Sin embargo, tomemos la tesis tal como suena. Evidentemente la tesis misma no es demostrable por medios empíricos: no es empíricamente demostrable que sólo lo empíricamente demostrable es científico. Por tanto el escepticismo es anticientífico, pues el escepticismo consiste en esa tesis.
De nada serviría replicar que se trata de una tesis metacientífica. Barato recurso el de inventar un departamento de metaciencia para tomar de ahí las proposiciones que me convengan sin tener que defenderlas científicamente. Pero yo no tengo inconveniente en que la tesis "Lo que no se demuestre empíricamente es anticientífico" sea llamada metacientífica. Lo que sucede es que, en virtud de lo que ella misma dice, además de metacientífica es anticientífica.
4) Una cuarta formulación (docta esta vez) del escepticismo es la que reza así: "Solamente las proposiciones tautológicas son verdaderas". Tautológico, ya se sabe, es expresar en el predicado lo que ya estaba contenido en el sujeto, por ejemplo afirmar que el hombre es racional o que el triángulo tiene tres ángulos. Lo que esta cuarta formulación quiere decir es que no podemos adquirir nuevos conocimientos, que no podemos conocer la realidad, pues la tautología no es conocimiento de la realidad, la tautología se sostiene sea la realidad como fuere. Reflexionemos sobre esta cuarta tesis en sí misma. Como cualquier lógico sabe, se debe traducir o reformular así: "Toda proposición verdadera es tautológica". Pero evidentemente esa proposición no es tautológica y la están presentando como verdadera; por tanto, en los hechos se está significando que no toda proposición verdadera es tautológica, y así se contradice el contenido mismo de la proposición que se presenta. Para ser tautológica, la tesis en cuestión debería más bien rezar así: "Toda proposición verdadera es verdadera". Pero es evidente que no es eso lo que los escépticos quieren decir; por el contrario, tienen intención de formular una tesis muy fuerte, no un lugar común; en el predicado quieren expresar algo que no estaba contenido en el sujeto.
5) Otra formulación del escepticismo es ésta: "No hay juicios sintéticos a priori". Pero ella misma es un juicio sintético a priori (6), lo cual mueve un poco a risa. Como se sabe, sintético es un juicio cuyo predicado no expresa algo que ya estuviera contenido en el sujeto. Los sostenedores de esta quinta tesis sólo aceptan tautologías o juicios sintéticos a posteriori (o sea empíricos). No está muy claro si con su tesis quieren decir que no hay o que no debe haber juicios sintéticos a priori. Si lo primero, los hechos refutan la tesis, pues a la palabra "todos", que necesariamente ocurre en la formulación de toda ley científica no corresponde dato empírico alguno; sólo vemos "algunos" casos; no vemos "todos" los casos; y hay leyes científicas que no son tautológicas; son juicios sintéticos a priori, por consiguiente. Además, yo puedo inventar en cualquier momento un juicio sintético a priori, por ejemplo "La tierra se mueve en espiral". De que los hay, los hay. Lo único que los escépticos pueden querer decir es que no debe haberlos. Pero entonces se trata de un precepto (obviamente no tautológico), y ningún precepto es a posteriori, pues ningún precepto quiere decir cómo son las cosas, sino cómo deben ser. Por tanto, esta quinta formulación del escepticismo es juicio sintético a priori, pese a que dice que no debe haberlos o que los hay.
6) La más conocida de las formulaciones del escepticismo es ésta: "No hay verdades absolutas". Respondo: esa. Con otras palabras, respondo: o bien esa sexta tesis es verdad absoluta o no; si lo primero, luego sí hay verdades absolutas; si lo segundo (es decir, si la tesis no es verdad), entonces su contenido es falso, y por tanto sí hay verdades absolutas.
7) Enumeremos como séptima la formulación de Habermas "No hay fundamentación ultima", o sea, ninguna proposición está fundamentada hasta lo último. Y bien, "fundamentado hasta lo último" significa apodíctico, absolutamente verdadero. De suerte que esta tesis de Habermas equivale por completo a la que acabamos de considerar en sexto lugar.
8) Una octava formulación: "Todo es cierto". Es una de esas curiosas proposiciones, como "Todo es inexistente", que para tener algún significado necesitan ser falsas. Así como inexistente es una palabra que sólo adquiere significado por contraste con algo existente, así incierto es una palabra que solo adquiere significado por contraste con algo cierto. Nunca se nos habría ocurrido la idea de llamar incierto a algo, si no fuera por contraste con algo cierto que estábamos conociendo directamente, por lo menos la propia realidad del que habla o piensa. Por tanto, como "Todo es incierto" se requiere que exista algo cierto. Por consiguiente, la frase es falsa e implícitamente contradictoria. Además, se presenta como cierta, y por tanto todo es incierto.
9) Karl Popper formula su escepticismo así: "Una proposición que no sea empíricamente falsificable es anticientífica." Popper ya comprendió que ninguna proposición universal se puede demostrar por medios empíricos (como la tercera formulación arriba mencionada suponía) porque las experiencias sensibles se refieren a "algunos" o "muchos" casos y eso no justifica que afirmemos "todos". Entonces Popper se conforma con este criterio de cientificidad: es más racional sostener una proposición que no ha sido falsificada por la experiencia que una ya ha sido falsificada por la experiencia. De todos modos cree Popper conseguir así lo que el escepticismo anhela: clasificar como anticientíficos los juicios morales y la demostración de la existencia espíritu, pues ni los unos ni la otra pueden ser demostrados o falsificados por datos sensibles. Y bien, Popper se contradice dos veces. Primera, para considerar falsificada una proposición se necesita suponer leyes universales que digan "todos" (casa que Popper excluye), porque si no hay constancia en la natura, una proposición hoy falsificada podría ser válida mañana (7). Segunda, la tesis "Una proposición que no sea empíricamente falsificable es anticientífica" no es ella misma empíricamente falsificable (es una teoría a priori sobre cientificidad), y por tanto es anticientífica en virtud de lo que ella misma afirma. frente a esto a Popper no le quedó más remedio que decir: mi tesis "descansa en una resolución irracional" (8). Pero si aún su criterio de racionalidad es irracional, se sigue que es incierto. Entonces la posición general de Popper equivale a decir que todo es incierto, lo cual es la octava formulación del escepticismo que acabamos de demostrar contradictoria.
10) El escepticismo de Gadamer es un poco menos burdo. Dicho autor considera -y en eso no le falta razón- que averiguar si es verdadera o falsa una convicción profesada por otra cultura u otra época sería entender esa convicción mejor que lo que seres humanos de esa época o cultura la entendían. Pero como Gadamer no cree en la verdad, lanza la tesis: "Nosotros podemos entender esas convicciones de manera diferente pero no mejor" (9). Pues bien, es obvio que ahí hay contradicción: Gadamer presenta su tesis como verdadera; no quiere que la entendamos "de manera diferente"; quiere que la entendamos como verdadera.
11) Se parece mucho a la tesis de Gadamer la teoría wittgensteiniana de los juegos linguales, solo que Wittgenstein se refiere a todas las convicciones o modos de pensar (los llama juegos linguales). Le niega a la filosofía la capacidad de juzgar si son verdaderos o falsos. Dice que cada juego es una unidad perfecta, rígida y hermética, de suerte que nadie puede entender el juego lingual en cuestión sin sumergirse por entero en él aceptando todas las reglas del mismo; por consiguiente, la pretensión filosófica de juzgarlos desde fuera es radicalmente imposible. Antes que nada conviene notar que llamar juego al habla es una manera metáfora; como definición no sirve, pues no logra distinguir al habla de otras realidades. Dirá Wittgenstein que un juego es un conjunto de reglas, pero con eso no consigue siquiera definir el juego, pues también la circulación vehicular es un conjunto de reglas y no tiene de juego nada, y también cada computadora del Pentágono es un conjunto de reglas y nadie nos convencerá que el manejo de las bombas atómicas es un juego. Y todavía, después de definir juego, cosa que no logra, tendría Wittgenstein, para que entendamos a qué se refiere cuando menciona al habla, que precisar en qué se distingue el habla de otros juegos. Defender una tesis a punta de vaguedades es científicamente inaceptable. Las metáforas no demuestran nada.
Pero además, Wittgenstein se contradice por partida doble. Contra la filosofía arguye que, como cada juego lingual es particular e incomunicable y monadico, es imposible hacer pronunciamientos universales; pero la teoría de Wittgenstein es universal: dice que todas las convicciones son juegos linguales: la contradicción es patente. Y en segundo lugar, la teoría de Wittgenstein tiene que aceptar evidentemente que también la filosofía es un juego lingual; ¿cómo puede Wittgenstein criticarla desde su propia teoría si es imposible que un juego lingual critique a otro? (10)
12) Como duodécima y última formulación del escepticismo consideremos la más trillada de todas: Todo es relativo. Está claro que esa tesis no se presenta como relativa; de manera que hay contradicción; pero en este punto necesitamos detenernos, primero para denunciar la total indisciplina mental que reina entre los escépticos, y después para profundizar el asunto.
La tesis Todo es relativo, no existe un deber moral absoluto suele pronunciarse como conclusión. Como conclusión de mucho estudio y conocimiento de la historia y de sus diferentes épocas y culturas. Ya es hora de que alguien les pregunte: ¿cómo es el silogismo? Si se trata de una conclusión, ¿cómo es el proceso lógico de inferencia? Dice el relativista que en la historia él encuentra convicciones morales diferentes, o sea deberes relativos a las diferentes culturas y épocas. Y bien, entonces no puede usar la expresión "deber Absoluto" en la conclusión, pues en las premisas ese término no ha ocurrido. Por ejemplo: si en las premisas de un silogismo no se ha mencionado a los mamíferos, mencionarlos en la conclusión es siempre un sofisma. Es como si alguien dijera: "He encontrado patos, por tanto no existen las ballenas". En primer lugar, del hecho de que no haya encontrado deberes absolutos no se sigue que no existan. En segundo lugar como los deberes morales absolutos no son datos sensibles (la conducta no es lo mismo que el deber frecuentemente le desobedece), es muy posible que hayas encontrado deberes absolutos y no los hayas sabido reconocer. Y en tercer lugar, del hecho de que haya habido dos deberes opuestos, lo único que se puede inferir es que los dos no pueden ser absolutos: es ilegítimo inferir que ninguno de los dos es absoluto.
Profundicemos. Quien niega que exista deber absoluto ¿de dónde saca el significado inconfundible y estupendo de ese concepto? Por cierto, nadie debería hablar de estos temas sin haber entendido la diferencia entre imperativo absoluto e imperativo condicionado: "Si no quieres cárcel ni reprobación social observa tal conducta" es imperativo condicionado. "Si quieres evitar penas eternas compórtate así o asá" es imperativo condicionado. En cambio "Yo no puedo torturar a nadie, simplemente porque eso no se debe hacer" es imperativo absoluto. Y no se crea que la moral kantiana es refinamiento purista: cuando cualquiera de nosotros se da cuenta de que cierta acción, por ejemplo torturar es detestable en sí misma, la idea de castigo o premio no entra para nada; estamos frente al imperativo absoluto. Es verdad que sin educación el hombre no llega a ser hombre, pero eso significa que la educación lo hace atender la existencia de un imperativo que el hombre percibe por su cuenta, el cual no puede confundirse con los imperativos de la sociedad, ya que éstos, por definición, sólo pueden ser condicionados; la sociedad sólo puede castigar (aunque sea únicamente desaprobando) o premiar (aunque sea únicamente alabando). Como Hume mismo hizo constar (11), si la sociedad, dirigiéndose al individuo, usara las palabras "deber absoluto" o "acción detestable en sí misma", el individuo no entendería nada si no hubiera conocido en autoconciencia un imperativo absoluto, una prohibición absoluta. Repetimos la pregunta: quien niega que exista deber absoluto ¿de dónde saca el contenido inconfundible de ese concepto? Sólo puede provenir de un imperativo absoluto que el mismo relativista percibe o ha percibido. Por tanto, la existencia del deber absoluto es contradicción de posibilidad de la teoría o tesis que lo niega.
Cabriolas y disimulaciones
Como quiera que se formule, el escepticismo es una teoría del conocimiento, una epistemología. Aún la escuela tesis de que no hay verdades absolutas lo que dice es que el conocimiento humano no es capaz de llegar a proposiciones verdaderas; aún quien afirma que sólo la matemática y la lógica y las disciplinas empíricas son ciencia, lo que dice es que la metafísica no es conocimiento científico. Pero como la teoría del conocimiento no es ni matemática ni lógica ni disciplina empírica, es metafísica. Por tanto, el escepticismo, aunque consiste en una teoría del conocimiento, tiene que ocultar el hecho de que él hace teoría del conocimiento. Por eso quiere Wittgenstein que su lector, después de leer el Tratado, haga como si el Tratado no existiera: "Debe arrojar lejos la escalerilla después de haber subido por ella" (12). El escéptico necesita que siga en vigor su tesis porque si no el escepticismo no existe, pero al mismo tiempo necesita que no exista el hecho de que la ha afirmado, porque ese hecho basta para demostrar que la tesis es contradictoria. La solución es una gran cabriola: subir por una escalerilla como si la escalerilla no existiera. ¿Hay alguien que no encuentre risibles esas maniobras?
Apréciese la escalerilla de Derrida: "En la abertura de esta cuestión, ya no sabemos. Lo que no quiere decir que no sepamos nada, sino que estamos más allá del saber absoluto (y de su sistema ético, estético o religioso) en su dirección a aquello a partir de lo que se anuncia y decide su clausura. Una cuestión tal sería legítimamente entendida como que no quiere decir nada, como no perteneciendo ya al sistema del querer decir" (13).
En otras palabras; después de decir todo lo que quiso decir, Derrida exige que hagamos cuenta como si no hubiera querido decir nada.
Todo el "pensamiento débil", que se ha puesto de moda en ciertas latitudes, es la misma maniobra: primero afirman (de manera nada débil) el escepticismo total, y después, cuando alguien quiere demostrarles que se contradicen, replican: "No, ese argumento sería válido si mi filosofía fuera fuerte; pero mi filosofía no hace frente, es pensamiento débil". Así consiguen lo mismo que Wittgenstein: sostener todo lo que les pegue la gana y rechazar, por principio y sin discusión, cualquier argumentación en contra.
Oigase a Habermas en la misma vena: mi filosofía "prefiere una combinación de enunciados fuertes y de pretensiones débiles en lo tocante al status epistemológico de tales enunciados, una combinación que, por tanto, es tan poco totalitaria, que contra ella no puede movilizarse ninguna crítica totalizante de la razón" (14).
También Foucault alega pensamiento débil: "Es exacto que yo no he presentado jamás la arqueología como una ciencia, ni siquiera como los primeros cimientos de una ciencia futura" (15). La idea es ésta: si yo presentara mi tesis escéptica como científica, sería refutable; entonces, mejor la presento como literatura: la literatura no está obligada a demostrar lo que afirma ni a responder a quien le demuestre que se equivoca y que se contradice. Es la misma escalerilla, sólo que, en vez de hacerla desaparecer, la declaramos literatura. Hacen epistemología, pero no quieren que se sepa que hacen epistemología.
También el escepticismo de Teodoro Adorno se presenta como pensamiento débil, aunque con otra terminología: "Para el intelectual que se propone realizar lo que en un tiempo se llamó filosofía, nada hay tan inadecuado en la discusión, y casi quisiera uno decir, en la demostración, como el querer tener razón" (16). Así ya no puede uno refutarlo, pues nos responde que la suya no es una de esas filosofías pretenciosas que aspiran a tener razón. Pero eso sí, antes nos endilgó todas las tesis escépticas del mundo. Y por cierto, es a todas luces evidente que quiere convencernos de que el escepticismo tiene razón.
Rorty hace lo mismo que Foucault: le da a su pensamiento estatuto de literatura. Bastará citar a su admirador Rajchman: "Rorty adapta esta definición de modernismo a su relato de la filosofía desde Kant; contribuye a deshacer las distinciones Kantianas entre ciencia y literatura" (17).
Una cabriola aparentemente muy distinta es la de Heidegger: contra quien demuestra que el escepticismo es autocontradictorio, Heidegger responde que eso no se vale porque es un ataque por sorpresa (überrümpeln: coger desprevenido) (18). Resulta muy simpático que esa "solución" le parezca aceptable a Rorty: "Es una posición difícil pero no imposible. Wittgenstein y Heidegger se defienden bastante bien" (19). Pero la refutación del escepticismo no tiene nada de ataque-sorpresa. Tómese usted su tiempo: es más, si quiere vuelvo mañana; pero téngame una respuesta, no un desplante meramente evasivo, que es tan circense como la escalerilla de Wittgenstein.
La más graciosa de las cabriolas es la que inventa Rorty de su propia cosecha: dice que es de mal gusto demostrarle al escéptico que se contradice. El problema es que quien sostiene que la mente humana no puede conocer la realidad está afirmando que su mente conoce esa realidad llamada mente humana, está afirmando que su mente conoce cómo son las cosas; y por tanto, se está contradiciendo. Rorty sale con esto: "Pensar que Wittgenstein y Heidegger tienen opiniones sobre cómo son las cosas no es estar equivocados sobre cómo son las cosas, exactamente; es sólo mal gusto. Los coloca en una situación en la que no quieren estar, y en la que parecen ridículos" (20). Y bien, en esa situación están, aunque nosotros no lo digamos; y en cuanto al mal gusto, la filosofía se ha jactado de ser muy presentable en los salones de sociedad, pero es su obligación hacer constar que el escepticismo es contradictorio. Pedimos mil disculpas, pero lo hacemos constar.
Más sutil que esa finta de buenos modales es la estratificación del lenguaje inventada por Russell: dice que ninguna proposición debe hablar sobre sí misma, sino que un primer lenguaje ha de hablar sobre los objetos, un segundo lenguaje (metalenguaje) hablará sobre el primero, un tercer lenguaje (metametalenguaje) hablará sobre el segundo, y así sucesivamente. Pertrechado con esa normativa (pues de una normativa se trata), ya puede el escéptico con mano alzada rechazar todos los ataques que le demuestren que se contradice, dado que, cuando él dice "No hay verdades absolutas" y el objetante arguye que o bien esa proposición es verdad absoluta o no (Ef. supra, I, 6), él puede gallardamente rehusarse a responder, por aquello de que está prohibido que una proposición hable de sí misma. Y bien, antes de demostrar que esta escapatoria russelliana es contradictoria en sí misma, conviene hacer dos observaciones, la segunda más detallada que la primera.
Ante todo: ya puede Russell lanzar todas las prohibiciones que quiera, de hecho la tesis del escepticismo no le obedece. El escéptico está diciendo "Todas las otras proposiciones son dudosas, pero esta no"; por tanto, su proposición habla de si misma. La tesis "No hay verdades absolutas" se presenta como verdadera, y por consiguiente habla implícitamente de sí misma. De hecho, todo acierto que se dice en serio se presenta como verdadero; de lo contrario no formaría parte del conjunto de las locuciones atendibles, se substraería del diálogo y comunicación interhumana, sería como el balbuceo de un loco a quien nadie hace caso. Consiguientemente, la demostración de que el escepticismo se contradice conserva toda su astringencia.
La segunda observación es histórica. Se consideraba como paradójica la frase del mentiroso: "Lo que ahora digo es falso". La prohibición russelliana de autorreferencia se presentó como la única solución posible, más era como patada de chanfle en fútbol: simulaba ir en una dirección pero iba en otra. En realidad se dirigía a defender el escepticismo de la manera que acabamos de señalar. Para resolver la paradoja de Eubúlides no sirve. Por dos razones no sirve. Primera: porque no hay tal paradoja. No es paradójico que alguien enuncie una proposición contradictoria; cualquier hijo de vecino puede hacer eso en cualquier lenguaje o metalenguaje. Paradójico sería que alguien demostrara una proposición contradictoria; eso sí sería quebranto de la racionalidad humana. Después de enunciar su famosa frase, Eubúlides comenta equivalentemente esto: Si mi frase es verdadera, por el mismo hecho es falsa, pues lo que afirma es que es falsa; si mi frase es falsa, es falso que lo que dice sea falso, y por tanto es verdadera. Pero todo ese comentario no es demostración de la frase, sino demostración de que la frase es contradictoria, cosa que ya sabíamos. Lo único que ha sucedido es que alguien enunció una frase contradictoria, cosa perfectamente factible en cualquier momento, y por tanto muy poco paradójica. La segunda razón por la que la prohibición de autorreferencia no sirve es que dicha prohibición resulta tanto innecesaria como insuficiente. Innecesaria porque todo el mundo puede formular una sentencia autorreferente sin cometer contradicción, por ejemplo: "Esta sentencia tiene cinco palabras". Insuficiente porque es posible cometer contradicción obedeciendo la prohibición de autorreferencia; por ejemplo en lenguaje objetal "Esta mesa es de palo de castaño y no es de palo de castaño", y en metalenguaje "La frase anterior tiene catorce palabras y no tiene catorce palabras. Para evitar contradicciones lo único que sirve es tener cuidado. Toda la maniobra de Russell iba en otra dirección, ya dijimos.
Demostremos finalmente que en sí misma es contradictoria la prohibición de autorreferencia. Dicha prohibición tiene que formularse así: "Ninguna proposición puede hablar de sí misma". Pero "ninguna" implica "ésta tampoco". Por tanto, la frase habla de sí misma.
Si se prefiere formulación positiva, sería: "Toda proposición debe hablar de objetos o de otra proposición". Pero "toda" implica "ésta también". La frase habla de si misma.
Es una norma que se infringe a sí misma en el momento mismo de formularse. Aparte de que no sirve ni para el problema de Eubúlides ni para evitar que el escepticismo sea contradictorio.
Recapitulemos. Todas las cabriolas que disimulan la autocontradicción del escepticismo son autoengaños perspicuos. Y es muy de notar que, si el escepticismo se esfuerza por ocultar su propia contradicción, con ello mismo reconoce la obligatoriedad del principio (no) contradicción y así reconoce que no todo es relativo, pese a que la tesis "Todo es relativo" es esencial para el escepticismo. Claro que no faltará quien niegue incluso estar obligado a no contradecirse, pero lo que nos está diciendo es que medio minuto después él puede sostener lo contrario de lo que en este momento nos dice; con esa declaración él mismo rompe el diálogo, imposibilita la comunicación, y ninguna persona razonable tiene qué hacerle caso.
Las raíces del escepticismo
El escepticismo es un pseudoproblema. Quien dado que la mente conozca la realidad, se figura que la realidad queda "fuera" de la mente; pero como la mente no es algo especial, como no se trata de un barril ni de un recinto, las expresiones "fuera de la mente" y "dentro de la mente" carecen completamente de significado (son como la expresión "silogismo amarillo), y todo el problema es un masoquismo voluntario. Tampoco se puede definir realidad como lo que queda fuera de la cabeza, pues la masa encefálica y la glándula pituitaria están dentro de la cabeza e indudablemente son reales.
La kantiana cosa-en-sí incognoscible es el prototipo del mencionado masoquismo. Por definición, esa cosa-en-sí carece de toda característica, ya que, si alguna pudiéramos atribuirle, la cosa sería cognoscible; entonces el pseudoconcepto de la cosa-en-sí se elabora a punta de negaciones, esto es abstrayendo de todas las determinaciones de lo real. Es una pura abstracción, y el escéptico postula la existencia de eso que es mero producto del pensamiento, solamente con el fin de atormentarse.
Subyace un falso concepto de realidad, o más bien, una ausencia de concepto de realidad. Quien define real como lo distinto del yo o independiente del yo ¿supone que el yo es real o que es irreal? Si lo primero, la definición resulta falsa porque el yo no es distinto o independiente del yo y sin embargo es real. Si lo segundo, la definición pretende definir lo real en términos de lo irreal, en función de lo irreal, lo cual es absurdo. basta un poco de reflexión para comprender que, si definimos lo real en función de la nada, al definiendum no le llega característica alguna que sea propia de lo real, sino sólo lo característico de la nada, y estaríamos definiendo lo real como la nada, como algo negativo, cuando evidentemente sí hay algo positivo eso es lo real. Si añadimos negación (diciendo "distinto de..."), todo sigue siendo negativo y falta precisamente algo que caracterice a lo real; seguimos en la nada.
La presunta definición "Lo real es lo sensible" se debe a una mera distracción de sus sostenedores, pues ellos saben perfectamente que en las alucinaciones hay datos sensibles y que a tales datos no corresponde realidad alguna; o sea, ellos mismos distinguen entre lo sensible y lo real. Evidentemente, pues, no quieren decir lo que de hecho están diciendo. Por lo demás, todos sabemos que, cuando vemos salir el sol, un tal salir no es real, pues el sol está quieto. Todos sabemos que, cuando vemos que esta mesa está quieta, tal quietud no es real, puesto que la mesa con todo nuestro planeta se está moviendo a 30 kilómetros por segundo. Los físicos saben además algo que es tremendamente importante: esta superficie de la mesa, por muy evidente dato visible y tocable que sea, sencillamente no existe, no hay ahí la continuidad de materia que nuestros sentidos atestiguan, en realidad hay diez mil veces más vacío que lleno (diez mil es la proporción entre el tamaño del átomo y el tamaño del núcleo); la superficie es una mera apariencia, debida a la manera como están hechos nuestros órganos de la vista y del tacto. Si en este mundo hay algo sensible, eso es la superficie; pero si hay algo que no es real, eso es la superficie. Definir lo real como lo sensible es un desacierto superlativo.
Téngase muy presente que quienes definen diciendo que lo real es la materia, como no consiguen indicar qué entienden por materia, siempre acaban retrocediendo hasta decir que lo real es lo sensible, y por tanto están en el insostenible desacierto mencionado. Pero en esto necesitamos detenernos, pues el materialismo constituye el verdadero móvil y raíz del escepticismo. Basta ver las incesantes arremetidas de Adorno, Habermas Y Derrida (y aun de Apel, que aparentemente no es escéptico) contra la filosofía de la autoconciencia, esto es del espíritu; basta constatar cómo toda la obra de Heidegger se dirige contra Descartes, Kant y Hegel. Y en Rorty el caso es flagrante: aunque se vive negando que la ciencia (incluso la física) sea posible, aunque su escepticismo es universal, de todos modos acaba sosteniendo con certidumbre esto:
"Más concretamente, podemos afirmar todo lo que sigue: Toda habla, pensamiento, teoría, poema, composición y filosofía resultará completamente previsible en términos puramente naturalista. Alguna explicación tipo átomos y vacío aplicada a los microprocesos que ocurren dentro de los seres humanos individuales permitirá la precisión de todo sonido o inscripción que se llegue a producir. No hay espíritus" (21).
¿En qué quedamos? ¿No nos había dicho que la mente humana, incluso científica, es incapaz de conocer la realidad? ¿Cómo nos dice ahora con tanto aplomo que la realidad consiste en átomos y vacío?
Esa es la posición general: el escepticismo duda de todo, menos de la teoría que dice que todo es materia. Las poses de escepticismo eran una farsa: lo único que querían era materialismo.
Pues bien, cuando nos dicen que todas las cosas están hechas de materia nosotros naturalmente preguntamos ¿y qué es la materia? Nos responden: aquello de que están hechas todas las cosas. Ah, pues nos ilustran mucho.
Es como si alguien dijera que todas las cosas están hechas de Blictiri, y añadiera: pero no me pregunten qué es Blictiri. ¿No es ya tiempo de que la humanidad mande todos esos caprichos pseudoteóricos a paseo?
Desde luego, resulta solamente pintoresco el remitirse a trocitos cada vez más pequeños de materia, escurriendo el bulto. Nosotros preguntamos qué es pues la materia independientemente del tamaño. Primero dijeron átomos, después núcleos, después partículas subatómicas, y así van a seguir, ¡pero no es ésa la cuestión!, el filósofo materialista tendría que definir materia independientemente del tamaño. Si acude a los físicos en demanda de auxilio, lo que encuentra es esta declaración de Taylor y Wheeler en nombre de todos ellos: "El mejor pensamiento actual no pretende que las partículas no están constituidas por espacio y tiempo" (22). Es decir: los últimos elementos de la materia consisten en espacio, o sea en el vacío, en la nada. La tesis filosófica que dice que la realidad es la materia, si se remite a los físicos retorna simplemente al intento definitorio ya mencionado qué confunde de lo real con la nada, y asimismo al masoquismo que postula como real una cosa que es nada, con el único fin de atormentarse diciendo que no puede conocerla.
Definir materia como lo que tiene partes es enteramente desacertado, pues también muchos conceptos tienen parte, por ejemplo en el concepto de hombre ("animal racional") "animal" es la primera parte, siendo así que el materialismo quiere precisamente contraponer lo material a los conceptos. Además, lo que descubrió Max Plank fue que un quantum no tiene partes, y los materialistas indudablemente catalogan los quanta entre lo material. Por cierto, cuando dice "tiene partes", en lo único que están pensando es en una superficie, de suerte que la tesis "Lo real es la materia, y materia es lo que tiene partes" reincide en la ingenuidad de creer que las superficies son reales. Si están pensando en una línea, las líneas son todavía menos reales que las superficies, si cabe.
Tampoco sirve definir la materia como lo que tiene extensión, por ejemplo el concepto de animal tiene mayor extensión que el concepto de cuadrúpedo, y es bien sabido entre los lógicos que, cuanto mayor comprensión tenga un concepto, tanto menor es su extensión. Dirán que todo eso es traslaucio, y que el materialismo se refiere al sentido literal de la palabra extensión: pero lo que preguntamos precisamente es cuál es ese sentido literal, y ahí enmudecen; igual sucede si preguntamos por el sentido literal de "tener partes". De hecho, cuando dicen extensión están pensando en la superficie; pero ya expusimos que las superficies no existen; son meras apariencias que se deben a la peculiar fisiología de nuestros órganos de la vista y el tacto. Si la materia se reduce a extensión y la extensión a superficie y ésta es mera apariencia, decir que todo es materia equivale a decir que todo es mera apariencia. El materialismo se habría convertido en idealismo del peor género, y aun así no podría esquivar al yo, o sea al espíritu, pues apariencia es aparecer ante alguien; si no hay alguien a quien aparezca, la apariencia no es apariencia.
Ya es hora de encarar el hecho de que materia viene de la palabra latina materies, la cual significa madera, palo. También en griego la palabra hyle significa madera. Decir que los objetos sensibles están hechos de materia ha sido una metáfora carpinteril: sólo dejaría de serlo si alguien le diera otro significado a la palabra materia, pero ya vimos que nadie lo logra. Cuando los griegos vieron que de madera se hacían sillas, casas, estatuas, etcétera, se les ocurrió que todos los objetos sensibles quizá podían estar hechos de una madera que no fuera precisamente madera, de una madera despojada de las características de la madera; naturalmente, se embarcaron en un proceso mental de pura negación: el resultado fue un pseudoconcepto carente de todo contenido; exactamente como la cosa-en-sí kantiana. Esa ha sido durante 25 siglos la definición de materia: ni algo ni tal ni tanto ni determinación alguna de loreal. Un masoquismo totalmente injustificado.
Es una especie de sentimiento supersticioso lo que hace que algunos digan: De todos modos debe haber algo detrás. No lo discuto en este momento, pero afirmar que ese algo es materia no sólo sería gratuito y anticientífico, además sería emitir sonidos sin sentido alguno, puesto que no han definido la palabra materia. Es como si dijeran que ese algo que está detrás es Blictiri.
Parece indispensable aquí advertir que el hecho de que la técnica "tiene éxito" y "funciona" de ninguna manera demuestra que los físicos sepan de que están hechas las cosas. También la técnica de los animales (piénsese en la acronáutica de las aves o en el radar del murciélago) tiene mucho éxito, y los animales ciertamente no saben de qué están hechas las cosas. También la técnica del hombre prehistórico (piénsese en la ruda o en la navegación o en la producción discrecional de fuego) tuvo y sigue teniendo enorme éxito, y el hombre prehistórico de ninguna manera sabía de qué están hechas las cosas. El carpintero y el herrero han tenido éxito técnico incesante durante milenios, y lo han tenido trabajando con superficies y creyendo en la existencia de las superficies, y sin embargo las superficies no existen. Si la lógica todavía merece respeto, este último hecho basta para demostrar que con ideas equivocadas se puede tener todo el éxito técnico del mundo.
Añadamos: y aún sin ideas sobre cómo son las cosas. Como se trata exclusivamente de manipular, de que haya reacción a nuestros manejos, a la técnica le bastan las apariencias, le basta la cara que el fenómeno nos pone, le basta la manera como responde a nuestra relación (manual) con él. Cómo sea en sí misma la realidad, es un problema que a la técnica la tiene completamente sin cuidado. Y bien, desafortunada o afortunadamente la física y la química de nuestro siglo se han convertido en una mera técnica, en artesanía refinada y grandiosa. Sus conceptos son puramente manipulatorios. Por ejemplo, definen energía como la capacidad de ejecutar trabajo (trabajo es verbigracia trasladar un cuerpo a un lugar más alto); que sea en si misma la energía, que características oníricas tenga que la hacen capaz de ejecutar trabajo, es una cuestión metafísica; lo que importa es que ejecute el trabajo. El otro concepto clave, el de masa, lo definen así: masa es la resistencia que un cuerpo opone cuando le aplico cierta fuerza. No les importa qué es; les importa cómo reacciona (a saber: resistiendo) a mi aplicación de fuerza. Incluso es generalizada en esas disciplinas la costumbre de dejar no-definidos muchos términos; y justifican ese arbitro diciendo que "funciona". Evidentemente, eso no es saber sino manipular. El operacionalismo de Bridgman es la más fiel descripción de esas disciplinas: ningún vocablo es aceptable mientras su significado no consista en una acción u operación que el hombre pueda efectuar.
La física actual no sabe de qué están hechas las cosas. Si de la física y su "éxito" esperaba el materialismo confirmación de su tesis de que todo está hecho de materia, aquélla lo deja en la estacada.
Retomemos el hilo. Con el único fin de no ponerle atención al yo, o sea al espíritu, el materialismo y el masoquismo mencionado postulan "fuera"(!) una entidad que carece de contenido y que por tanto es nada. Pasar por alto que el carácter real de una cosa no es dato sensible y que, por tanto, el concepto de real (esto es de existencia, de ser) sólo pudo originarse en introspección, en autoconciencia, es decir, en el conocerse el espíritu a si mismo. El único significado posible de la palabra "real" es el espíritu mismo. Por ende, viene a ser contradictorio el negar la realidad del espíritu.
Quizá conviene recordar cómo de muestra Carnap que el carácter real de las cosas no es dato sensible. Supongamos que, sin saber el uno del otro, dos geógrafos hicieran estudio exhaustivo de una misma montaña en el centro de África; y supongamos que, además de sus capacidades como geógrafos, uno de los dos profesa la filosofía idealista y el otro la filosofía realista. Los dos reportes descriptivos terminarán coincidiendo en todos los detalles empíricamente constatables, pero al mismo tiempo el primer geógrafo estará convencido de que la montaña no existe realmente, mientras el segundo sostendrá que la montaña es un ente real. Sobre este punto es imposible que por medios empíricos lleguen a ponerse de acuerdo, ya que, precisamente, en cuanto a todo lo empírico coinciden. El carácter de las cosas no es dato perceptible con los sentidos.
Tanto a Carnap como a los demás filósofos materialistas les faltó preguntarse cómo surge, entonces, en la mente el concepto de lo real, dado que no es de origen empírico. Ya lo dijimos: por introspección, o sea, en el hecho mismo de que el espíritu capta su propia realidad. Así se demuestra racionalmente la existencia del espíritu, pero el materialismo presiente que, si aceptan ésta, la de Dios no estaría lejos. Es impresionante que, cuando la razón hubo demostrado la verdad del cristianismo, los materialistas hayan tenido que renegar la razón declarándose escépticos.
Por supuesto, además de las raíces mencionadas, el escepticismo puede tener otras, pero de índole más bien personal y costumbrista. Un ejemplo es quizá la pedantería de ciertos profesores que, mostrándose escépticos, se colocan "por encima" de las más grandes inteligencias de la humanidad, Aristóteles y Hegel, cuyas demostraciones son de suyo irrefragables; ya se sabe que la mediocridad excreta siempre algún caparazón blindante, algún mecanismo de autodefensa contra toda injerencia desmediocrizante. Otro ejemplo sería la adolescencia perpetua de quienes no tienen otra manera de "hacerse interesantes" que la de mostrarse irreductiblemente difíciles de convencer. Pero todo eso es frívolo y anecdótico. Lo que sí merece atención filosófica (de filosofía política, de filosofía de la historia) es el giro postmoderno que el liberalismo está hoy teniendo: su fingido pluralismo permite todo, menos que se demuestre. Quiere abolir en el mundo el estupendo proceso de racionalidad llamado filosofía, que consiste en distinguir demostrativamente entre convicciones verdaderas y convicciones falsas. Hoy se permite buscar la verdad con la condición de que nadie la encuentre.
Notas:
(1)
Jürgen Habermas. El Discurso Filosófico de la Modernidad. Traducción Manuel Jiménez Redondo. Buenos Aires. Taurus, 1989, p. 253, n. 74.
(2)
Theodor Adorno. Zur Metakritik der Erkenninistheorie. Frankfurt, Suhrkamp, 1972, p. 221.
(3) Ludwig Wittgenstein. Philosophische Untersuchungen; núm. 133, Frankfurt, Suhrkamp, 1975.
(4)
Jürgen Habermas. Pensamiento Postmetafísico. Traducción Manuel Jiménez Redondo. México, Taurus, 1990, p. 26.
(5)
Richard Rorty. La Filosofía y el Espejo de la Naturaleza. Traducción Jesús Fernández Zulaica. Madrid, Cátedra, 1983, p. 16.
(6)
Cf. Vittorio Hosle, Die Krisis der Gegenwart und die Verantwortung der Philosophie, München, Beck, 1990, p. 75 y ss
(7)
Cf. Christoff Jermann; citado por Hösle en Ibid, p.78, n. 55.
(8)
Apud Frannz Stark (ed): Revolution oder Reform?; München, Kösel, 1976, p. 39. En general, Popper sostiene que la decisión en favor del racionalismo es una resolución irracional.
(9)
Ilans-Georg Gadamer. Wahrheit und Methode. Tübingen, Mohr, 1960, p. 280.
(10)
Cf. Hösle, op. cit., p. 84.
(11)
David Hume. Tratado de la Naturaleza Humana, libro 3, parte 3a, sección 1 (cualquier edición).
(12)
Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logicophilosophicus 6,54. Frankfurt, Suhrkamp, 1977.
(13) Jacques Derrida. La Voz y el Fenómeno. Traducción Francisco Peñal-Ver. Valencia, Pre-textos, 1985, p. 166. Las cursivas son de Derrida.
(14)
Jügen Habermas, op. cit., p. 254, n. 74
(15)
Michel Foucault. La Arqueología del Saber. Traducción Aurelio Garzón. México, Siglo XXI, 1987, p. 364; es decir, al final del libro, después de haber espetado cuanto escepticismo quiso.
(16)
Theodor Adorno. Mínima Moralia, núm. 44. Frankfurt, Suhrkamp, 1976.
(17)
John Rajchman y Cornel West (eds). Postanalytic Philosophy. Nueva York, Columbia U.P., 1985, p. XV.
(18)
Martin Heidegger. Sein und Zeit. Tübingen, Gadamer aprueba esa "respuesta" en op. cit. supra en nota (9). p. 327.
(19)
Richard Rorty, op. cit., p. 335.
(20)
Ibid; p. 336
(21)
Ibid; p. 349.
(22)
E.F. Taylor y J.A. Wheeler. Spacetime Physics. San Francisco. Freeman. 1996, p. 193.
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